Fan fiction campeón del segundo torneo oficial del año 2007
Hi! n-n.
Despues de tanto tiempo de pensarmelo decidi publicar un fic que estoy escribiendo desde hace un tiempo XP. Antes de empezar dire unas cuantas cositas:
- A pesar que el objetivo real de la trama de este fiction es sobre todo lo que tenga que ver con contaminación ambiental, sobrecalentamiento global, etc. la trama al avanzar de los capítulos se ha desviado, pero si tendrá cosas que resaltar sobre esto. Aunque lo más probable será que se desarrollé el objetivo real en otra cosa, pero aún es una sorpresa
- Los capítulos a medida que avanza la historia se tornan cada vez más largos. Solo advierto XD
- Muchos de los personajes son invenciones mías, todo material referido a ellos está bajo Copyright, es decir, que si a alaguien se le ocurre robarlo que se atenga a la consecuencia de mi furia XD... Al menos se vale mención del creador si lo ponen en otro lado sin permiso ¬.¬. Personajes propios de Pokémon aparecen, todos los derechos reservados a sus creadores XD, al igual que los propios Pokémon .__.U .
- Si tengo oportunidad pondre imágenes, pienso que será un poco necesario
- Dentro de poco se realizará un "Proyecto de Reedición" de los primeros 25 capítulos, yo misma digo que son patéticos (en cuanto a redacción, descripción, etc hablamos XD).

LISTADO DE CAPÍTULOS HASTA LA FECHA (17/05/2008):
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Bueno, a lo que viene, aquí el fic. Espero y sea de su agrado:
Todo estaba oscuro… No existía ni un pequeño rayo de luz que alumbrara alrededor. Un penetrante silencio yacía en el lugar, solo había oscuridad…
- Despierta… - dijo una voz con suavidad. Parecía provenir de la nada - Despierta… - repite al no recibir respuesta.
- ¿Ah…? – susurra otra voz muy somnolienta.
- Ya es la hora. ¡Despierta! – exclama la primera voz.
Una pequeña luz comienza a surgir, pero era débil y titilante.
- ¿Ya…es hora? – susurra la segunda voz con pereza.
- Así es. La situación se ha tornado más grave de lo que pensaba – respondió la primera voz – Creía que tomarían medidas… Que tomarían conciencia y lo cuidarían hasta que ustedes llegaran… Pero me equivoque – dijo con preocupación. El lugar volvió a sumergirse en un profundo silencio - Estás muy callada – agregó.
- Sabías que no lo harían… - argumentó la segunda voz al instante.
- ¿Qué sientes en estos momentos? – preguntó la primera voz.
- Nada especial - le contestó la segunda voz con un ligero toque de amargura.
- Hija mía… - suspiró la primera voz con suavidad – Sé que es muy duro para ti. Pero créeme, hay un ser muy especial que estará en tu camino y te acompañara hasta el final… -
- No de nuevo - susurró la segunda voz con cierto rencor – Siempre acaba mal -.
- Hija, escucha mis palabras – argumentó la segunda voz, pasando por alto el comentario de la segunda al parecer – Este ser te dará fuerzas en el final –.
- ¿A qué te refieres? – preguntó la segunda voz con interés
- En su momento lo sabrás. Ahora… ¡Despierta! –.
La débil luz dejó de titilar, convirtiéndose en un foco potente que comenzó a expandirse, aniquilando por completo la oscuridad del lugar.
En un bosque muy apartado de la civilización, un gran grupo de pokémon se congregaba alrededor de un rayo de luz que había emergido repentinamente de la tierra y ascendía hasta los cielos, perdiéndose en las nubes oscuras de la noche.
Poco a poco más pokémon llegaban al lugar impulsados por la curiosidad. Unos estaban impresionados, algunos asustados y otros cuantos hipnotizados por la belleza de la extraña luz blanca.
Entonces, de imprevisto, una silueta comenzó a surgir lentamente, al parecer, de la tierra. Todos los pokémon reprimieron un grito de terror, que era lo que les había provocado la repentina aparición de aquella figura, a pesar del temor permanecieron quietos y a la expectativa.
La silueta se elevó un poco del suelo y el hermoso rayo de luz comenzó a desaparecer lentamente; cuando no hubo quedado rastro de la luz se pudo apreciar la identidad de la silueta. La criatura emitía un pálido resplandor parecido al de la luna, tenía unos grandes ojos de un hermoso azul más claro que el cielo, su cola y orejas eran largas y lo mismo sucedía con lo que parecían sus piernas y brazos (en los cuales no se vislumbraban dedos), tenía unas cuantas zonas de su pelaje de un intenso color violeta y en su frente tenía una gema con la forma de un símbolo extraño del mismo violeta intenso.
La criatura observó a los pokémon que la rodeaban con cierta curiosidad pero a la vez con cierta indiferencia. Los que le rodeaban aún se encontraban petrificados del susto, pues la sorpresiva aparición de aquella criatura tan extraña había ocasionado una gran impresión en todos los presentes.
La criatura elevó la mirada hacia los cielos y de un momento a otro, despegó hacia los brazos de la noche en donde reinaba una luna en Cuarto Creciente, alejándose del lugar y dejando a los pokémon con la duda.
A los pocos segundos, un pequeño Pichu con algo de temor se acercó a donde hacía muy poco yacía la criatura, cuando llegó al punto exacto encontró un hermoso camafeo. El Pichu quedó embelesado por la belleza de aquel antiguo objeto, más aún por su tamaño; con cuidado lo levantó del suelo y lo apreció con mayor detenimiento acercándolo a su rostro.
En el camafeo estaba tallada la figura de una mujer joven y hermosa, con largos cabellos en los que tenía enredadas una gran variedad de preciosas flores y en el dorso de su mano, con la cual acariciaba su grácil cabello, tenía grabado el mismo símbolo de la gema que tenía en la frente la criatura blanca.
IMAGEN:
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Introducción Original:
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Capítulo 1
Robo en Altomare
Robo en Altomare

En una ciudad con ríos como calles conocida con el nombre de Altomare, una chica caminaba tranquilamente por la plaza que rodeaba al Museo de Historia de Altomare con un Sneasel a su lado. La chica de tez blanca, ojos color café claro, cabello platinado, vestida con un short, una camisa sin mangas y portando una gorra que usaba de lado consultaba una guía turística que le había regalado el señor de la lancha que la había traído hasta la hermosa ciudad turística.
El nombre de la chica era Dyfir, ella se encontraba en su viaje para participar en la Liga Pokémon de la Región Jotho pero había decidido tomarse un pequeño descanso, así que interrumpió su jornada para visitar la hermosa ciudad.
- Según esto… - le decía Dyfir a su Sneasel mientras leía el folleto - La ciudad está protegida por dos pokémon legendarios. La historia cuenta que un entrenador malvado causó desgracia y destrucción con un Aerodactyl y un Kabutops… – dijo levantando una ceja. Elevó la mirada hacia los pilares esculpidos que ornamentaban la entrada principal de la plaza y en los cuales yacían las estatuas de los pokémon guardianes de Altomare - Sino me falla la memoria, se llaman Latios y Latias – agregó en un susurro.
Su Sneasel la miraba con atención y asintió amablemente para confirmar la respuesta de su entrenadora. Al gesto ella le regaló una gentil sonrisa.
- Entremos al Museo – dijo Dyfir mientras se volteaba, tratando de evitar quedarse sumida en el azul cristalino del mar de Altomare.
Ambos caminaron en dirección al museo, sin quedarse a salvo de algunos tropezones por la gran cantidad de turistas que por ahí había conglomerados. Con mucho esfuerzo y sudor, lograron llegar a las puertas del museo y entraron en el.
Unos minutos después, en esa misma plaza, un muy extraño pokémon blanco caminaba tranquilamente, robando muchas miradas de curiosidad tanto de humanos como de pokémon.
El pokémon blanco se detuvo en el centro de la plaza y comenzó a observar su alrededor, como si buscase algo, luego su mirada se detuvo sobre el Museo de Historia donde se quedó observándolo con aire pensativo. Entonces, un niño que se quiso pasar de listo se hizo paso entre la multitud que se había conglomerado y lanzó una Ultra Ball al pokémon blanco para intentar capturarlo.
La Ultra Ball se dirigió furiosa a su objetivo, pero a pocos milímetros del rostro del pokémon la Ball quedó suspendida en el aire, se mantuvo inmóvil durante unos segundos en los que la multitud no sabía cómo reaccionar. Entonces, la Ultra Ball dio una vuelta sobre sí misma y regresó a las manos del anonadado niño.
El pokémon emprendió una tranquila caminata hacia el Museo, sin prestarle atención al intento del pequeño. El niño, muy decepcionado, observó la Ultra Ball con furia.
- ¡Mil quinientas Pokemonedas para nada! – exclamó con rabia y tiró la Ultra Ball al suelo, la cual produjo un sonido seco al caer.
Un hombre se acercó a la pokebola mientras el niño se encontraba a punto de reventar en berrinche. El extraño recogió la Ultra Ball y le echó una ojeada superficial, luego apretó el botón de la Ball, la cual se abrió con pereza y ante esto el hombre soltó una risa.
- Esta Ultra Ball dejó de funcionar – le dijo al pequeño, quien le devolvió un tonta mirada con la boca abierta.
Mientras esto sucedía, unos cuantos curiosos de la multitud habían seguido sigilosamente al pokémon hacia el Museo, dejando una precaria distancia por no tener idea de la naturaleza de aquel pokémon.
Dentro del museo un anciano rechoncho con bigote le mostraba a Dyfir el Mecanismo de Defensa de Altomare. En ese momento, le explicaba con orgullo que la máquina solo funcionaba utilizando un valioso tesoro conocido por el nombre de “La Joya Alma”, la cual contenía el alma de un Latios.
La joven entrenadora escuchaba con atención, había quedado fascinada con el museo y la manera de explicar del señor le ayudaba a encariñarse más con el lugar. Cuando el señor hubo terminado de explicarle el “MDA” se alejó un poco de él y comenzó a explorar con la mirada. Su Sneasel la llamó y con un leve respingo volvió de su ensimismamiento y se acercó a su compañero.
- ¡Guao! Son fósiles – dijo Dyfir emocionada mientras admiraba los huesos incrustados en el piso.
- Esos son los fósiles de un Aerodactyl y de un Kabutops – le explicó el anciano, quien se les había acercado – Estos son los restos de los pokémon del entrenador descorazonado que intentó destruir la ciudad. Ambos pokémon poseyeron un carácter muy parecido al de su maestro: cruel y despiadado… Sin duda causaron muchos estragos antes de que se les pusiera un alto -.
- Así habrá sido… - susurró Dyfir impresionada y su Sneasel le acompañó.
En la segunda planta había una chica que llevaba un gorro blanco, una franelilla verde y una falda blanca, tenía unos ojos de un lindo azul rey y con cabellos castaños peinados de una forma extraña. Ella dibujaba con tiza uno de los vitrales del museo acompañada por otra chica, la cual observaba en silencio a Dyfir y a su Sneasel.
Dyfir siguió inspeccionando el lugar con avidez y curiosidad, entonces se topó con un pilar en el que reposaba una esfera negra sobre una almohadilla. La esfera era completamente lisa y muy brillante.
- ¿Eso qué es? – preguntó Dyfir dirigiéndose al anciano, la esfera no era la gran cosa pero había llamado su atención.
- Siéndote sincero…No lo sé – respondió el anciano con una risilla nerviosa. Dyfir lo miró extrañada y el anciano recuperó la compostura – Hace unas semanas la trajo un pescador, la sacó de entre las redes que había dejado cerca de la Islas Muertas (aquellas donde están las antiguas construcciones). Todavía los arqueólogos e historiadores del museo le están haciendo unos cuantos análisis. Y como los últimos resultados han concluido la remota posibilidad de que sea una Joya Alma que no contiene el alma de un Latios han dejado que se exhibiera. Aunque no fuese una Joya Alma bien podría ser una artesanía antigua ó algo más –.
-Interesante… – susurró Dyfir mientras volvía a posar su mirada en la esfera – Me parece muy bonita. ¿Tú qué dices Shade? – preguntó dirigiéndose a su Sneasel, quien le respondió con un tono algo dudoso en su voz - ¿Qué más hay? – preguntó de nuevo, esta vez dirigiéndose al ancianito.
- ¡Cierto, cierto! Vayamos a la segunda planta para mostrarte los vitrales y cuadros. Todo lo que tenemos allá arriba muestra una representación imaginaria de los distintos pasajes de la historia de Altomare y la leyenda de Latios y Latias – le explicó el ancianito mientras les indicaba el camino a las escaleras.
Cuando apenas se hubieron alejado de la esfera, el pokémon blanco ingresó al museo. Le echó una ojeada al lugar rápidamente y su mirada se fijó en la esfera negra, cuando lo hizo caminó rápidamente hacia ella y se elevó hasta quedar a la altura de la esfera. El Sneasel de Dyfir, Shade, se percató del pokémon y se viró rápidamente mientras alertaba a su entrenadora.
- ¿Qué sucede Shade? – preguntó Dyfir mientras ella y el anciano volteaban.
Cuando ambos se percataron de la presencia del pokémon blanco se le quedaron mirando con mucha curiosidad. No eran los únicos, pues los primeros curiosos de la plaza asomaron su cabeza por las puertas del museo, también las chicas que estaban en el segundo piso se habían asomado al oír la alerta del Sneasel.
A pesar de toda la atención que llamaba, el pokémon no les hacía mucho caso pues admiraba con demasiada concentración la esfera negra. Así se mantuvo por muchos segundos mientras los observadores se mantenían a la expectativa, y de un momento a otro tomó la esfera entre sus manos.
- ¡¿Qué crees que haces?! – exclamó el anciano mientras se acercaba rápidamente al pokémon.
Dyfir se quedó en donde estaba, mirando de hito en hito a ese extraño pokémon. Unos pasos detrás de ella la volvieron a la realidad, volteó y vio como las chicas que estaban en la planta superior se paraban al lado de ella.
El pokémon fijó su mirada en el anciano, quien titubeó un poco por lo penetrante de aquella mirada.
- Bien… Dame eso – le pidió el anciano al pokémon con calma, mientras extendía su mano con lentitud. El pokémon le echó un rápido vistazo a la mano del hombre y luego lo volvió a ver a los ojos con una mirada llena de desdén – Por favor, ¿me podrías devolver la esfera? – le preguntó con un tono suplicante.
El encargado del Museo siguió insistiendo, pidiéndole al pokémon de las mil y un maneras que le devolviera la esfera, pero lo único que había logrado era que el pokémon en vez de mirarlo con desinterés le negara la cabeza.
- ¿Acaso entiendes lo que te digo? – preguntó el anciano un poco exasperado, a lo que esta vez el pokémon asintió con la cabeza en respuesta - ¡¿ENTONCES POR QUE NO ME DEVUELVES LA ESFERA?! – gritó con la paciencia ya perdida.
Ya con la cordura tirada por la borda, el anciano intentó atrapar al pokémon entre sus manos, pero el pokémon lo evadió con mucha facilidad y se colocó tras él para darle un pequeño empujón. El anciano cayó de bruces al suelo y el pokémon voló rápidamente hasta la entrada.
Los curiosos de afuera ahogaron un grito de emoción al ver que el pokémon se les acercaba y se detenía, la criatura blanca se volteó y observó como el anciano se reincorporaba. Dyfir, acompañada de las otras chicas, se le acercó al anciano para asegurarse de que estuviera bien. El pokémon se quedó ahí unos segundos más y le dirigió al encargado una risa burlona, luego desapareció por las puertas del Museo.
- ¡¿Qué rayos?! – exclamó el anciano ya rabioso ante la desfachatez del pokémon.
Sin pensárselo dos veces el ancianito, las dos chicas, Dyfir y su Sneasel corrieron a las puertas. Cuando salieron a la plaza, se percataron de que el pokémon se había alejado considerablemente, era demasiado veloz.
- Necesitamos velocidad – dijo la chica del gorro blanco repentinamente – Latias – agregó mirando a su compañera.
Dyfir se preguntó por qué le habían puesto el nombre de un pokémon a la chica, pero casi sufrió de un paro cardiaco al ver que la segunda chica adquiría la forma de un Latias. La multitud comenzó a volverse loca de la emoción, pues ver dos pokémon extraños en un día era una proeza. La chica del gorro hizo caso omiso de la multitud y se montó en el lomo de Latias.
– ¡Rápido¡ ¡Tenemos que alcanzar a ese pequeño ladrón! – exclamó.
Latias acató rápidamente la orden y salió disparada a una tremenda velocidad hacia la dirección que había tomado el pokémon blanco.
- ¡Bianca, espera! ¡Niña atorada! ¡También estoy metido en esto! ¡Si no regreso esa cosa a su sitio estoy despedido! – gritaba el anciano mientras intentaba alcanzarla. Pero era inútil, ya se habían alejado demasiado, así que se detuvo exhausto para intentar recuperar el aliento – Ya yo no estoy para estos trotes… -.
- Suba – le dice Dyfir desde atrás.
El anciano voltea y se encuentra con un Dragonite, en el lomo del dragón estaba Dyfir junto a su Sneasel. Dyfir le ofrecía su mano y el anciano observaba al Dragonite con inseguridad, tragando un poco de saliva hizo fuerzas para superar el temor y aceptó el ofrecimiento de Dyfir. La entrenadora lo ayudó a acomodarse y el Dragonite sacudió sus alas con impaciencia.
- Sujétese fuerte – le dijo Dyfir al ancianito y luego miró hacia al frente – Bien Dartiniant, necesito la máxima velocidad posible. ¡Adelante! - exclamó.
El Dragonite rugió con vigor y con un batir de alas bastante energético emprendió el vuelo, con su innata velocidad dieron alcance a Bianca y a Latias. Así comenzó la persecución del misterioso pokémon…
Capítulo Original:
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Imagen Principal sin EDIT:
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P.D: Una última cosita, a los que les guste visualizar, el pokémon blanco es el de mi avatar XD


























